7 de diciembre de 2011

Hijo de macanche


Todos los repertorios desde el de Martha Hildebrandt incluyen este norteñismo, que es todo un personaje en la literatura regional.

"Hay otras venenosas –describe José Ignacio Lecuanda hacia 1793–, que llaman macanches, grandes de dos varas de largo y de unas pintas coloradas, amarillas y verdes". Es la serpiente venenosa, dice Antonio Brack, más común de la costa norte del Perú, desde Trujillo hasta Tumbes. Carlos Robles subraya que su veneno es mortal. Su nombre científico es Bothrops barnetti, y no debe confundirse con la boa costeña, llamada comúnmente “colambo”. El término “macanche” es empleado también, según Ugarte Chamorro, en el Oriente peruano y, como decía Robles, es de origen desconocido.

Lo podemos encontrar profusamente en los relatos de los escritores regionales. En Taita Yoveraqué de Vegas Seminario recuerdan los viejos catacaos: "Y allá el algarrobo viejo, en donde encontramos un macanche con tamaña cabeza y lo matamos a palos". En las estampas folclóricas de Miguel Justino Ramírez: "Los macanches serpentean los médanos y se enroscan en las estacadas". Cronwell Jara lo describe con una imagen poderosa: “la macanche tiene el cráneo durísimo y el pellejo es latigoso como piedra con musgo de río.” Lo demás parece fantasioso:

“Y muy difícilmente muere, que ni cinco o seis machetazos bien dados a veces basta; tienen que ser más y muy fuertes los tajos para acabarla. Porque puede quedar solo privada y ¡ay! de uno si se distrae y está viva.”

Este indoamericanismo presenta pues variabilidad en su género (“el macanche” para unos, “la macanche” según otros), sin que los repertorios (todos recogen el término) den una solución al respecto. El femenino tiene su analogía en los genéricos “víbora”, “serpiente”, “culebra”, pero la forma en masculino parece tener la fuerza de la tradición.

También se recoge en “El mundo es ancho y ajeno”, de Ciro Alegría: “Una vez me encontraba por Piura en sitio onde había mucha víbora macanche”. Está hablando el Mágico, el mercachifle que acaba traicionando a los de la comunidad de Rumi, aquel que “conocía a palmos la extensa zona donde negociaba y tenía mucho que contar de los pueblos lejanos”, y lo que le había pasado con esa macanche es todo un microrrelato dentro del inmenso curso de esa gran novela:

“La víbora se había metido en mi alforja y estuvo ahí pa arriba pa abajo pa onde iba yo más claro, y yo no la notaba (…) y al pasar una cordillera muy alta, en mera puna, mi caballo se me cansó, y bajé la alforja pa que descansara y en eso se le ocurrió salir a la víbora. ¡Bah!, dije, ¿cómo no me ha picao cuando metía o sacaba la cosas? Y salió y avanzó un poco y se quedó tiesa, y después culebreó otra nadita y vuelta a quedarse tiesa. Le había dado el mal de la puna, que digo el soroche. Pero dije: hay que examinar. Y prendí paja cerca de ella y cuando se entibió comenzó a avanzar otra vez…”

Teodoro Garcés Negrón se hace eco de esta actitud pasiva de las sierpes, cuando comenta que luego de comer su buen locro con cecina y fumar su buen “cigarro de guaña”, los bandoleros protagonistas de uno de sus relatos quedaban “como macanches adormecidos”.

Que buscan lugares tibios para guarecerse es lo que puede explicar otra de las ocurrencias de este ofidio. Un piurano al servicio del presidente La Mar, estamos en 1828, durante la guerra contra la Gran Colombia, le encomendaba: “Mi Mariscal ¡guárdese del macanche!” Y el macanche era el general Gamarra. La anécdota está recogida en las “Tradiciones de Piura” de Carlos Camino Calderón, quien apunta luego que sólo un buen piurano hubiera entendido la alusión. Vale para precaverse de las emboscadas traicioneras y tal vez sea por lo mismo que la alimaña busca rincones templados donde guarecerse.

En los cuentos tallanes de Víctor Borrero, es en los temporales los años secos “donde nida ahora el macanche”. Cronwell Jara los ubica en los guayaquiles tupidos. Carlos Robles explica que “en los chopes se instalan culebras, macanches, cololos y otros seres de nuestra fauna, por lo que los conocedores recomiendan siempre a la gente tener cuidado al acercarse a ellos o al eliminarlos, pues pueden ser víctimas de los efectos desagradables que ocasionan”.

Reptiles y batracios siempre han estado presentes en el imaginario popular de las culturas humanas. Ranas, sapos, culebras y lagartos hablan, engañan, dan mala suerte o reciben besos que los transforman en príncipes. En la novela Matalaché de López Albújar se compara la mirada del protagonista con el poder de la serpiente:

“Entonces yo me senté en un taurete y él, parao y cruzao de brazos, se me puso a mirar como un macanche. Porque los ojos de José Manuel son mismamente que los del macanche cuando los clava en los pajaritos pa tragárselos.”

Hay al menos dos frases más usuales registradas por Robles Rázuri, quien dice por un lado “están más arrangalidos que macanche en el arenal” para referirse a los animales escuálidos. Y por otro registra: “hijo de macanche culebrita fina”, equivalente a decir “de tal palo tal astilla”. Es válido para encarecer las cualidades de los muchachos, tanto las buenas como las malas, tanto al que ingresa en la mejor escuela de Medicina como al que descuella en las crónicas policiales y “será huésped, bromea Robles, de la casa blanca de Castilla por un largo período”. Carlos Arellano Agurto, por su lado, aplica la frase al churre movido, vivaracho, desenvuelto.

Era común del norte del Perú y sur del Ecuador pero parece que ya está escaso el macanche por lo mucho que lo cazaron para chamanerías. El padre Puig consigna que en Piura la grasa o manteca de macanche se aplicaba a los huesos rotos. Según Arellano, a las luxaciones. Cronwell Jara hace del supuesto remedio literatura en “Las huellas del puma”, porque añade: “la grasa tiene que ser de macanche que murió sin tiempo de cólera”, porque de otro modo comunicará su ponzoña. Por su parte, la misma idea de que los macanches matan con la mirada la recoge Arámbulo Palacios en su diccionario, pero tal parece que eso también es literatura.


Publicado en el Suplemento Semana del diario El Tiempo de Piura (Perú) el domingo 20 de noviembre de 2011, p. 20. La imagen está tomada del blog: http://www.alivenotdead.com/CHNWWX/BCO-and-BCS-profile-1108047.html


1 comentarios:

Jhonson Revilla dijo...

amigos el macanche tambien es conocido en ecuador como la culebra X, la misma que es sumamente peligrosa y venenosa capaz de matar a una persona en muy póco tiempo., ahora el caldo de macanche esta siendo utilizado para curar cancer, diabetes, tumores, y casi todas las enfermedades