29 de octubre de 2011

Como Anteo al pisar en la tierra


Pocos himnos tienen una letra tan hermosa como el de la juventud sanmiguelina, que fue compuesta por Francisco Xandóval, a petición de los propios estudiantes, hace 70 años.

Decía Néstor Martos que Francisco Xandóval era un hombre fuera de lo común y lo decía reconociendo su vida interior y su delicadeza, advertido de los difíciles años por los que había pasado el profesor de Ascope antes de llegar a Piura, donde encontró paz interior y un bonito ambiente escolar y docente en el viejo Colegio San Miguel. Martos sabía de su talento y de su aristocracia intelectual y por eso decía que era “un hombre raro, sin la tonta aspiración del incomprendido profesional”.
Xandóval fue uno de los más jóvenes poetas del Grupo Norte, compañero y amigo cercano de César Vallejo, de Juan Espejo Asturrizaga…, “nunca publicó mucho y siempre publicó bueno”, decía Martos, comentando en 1941 la aparición de Canciones de Maya. Un libro también raro –hoy rarísimo– impreso en los talleres del diario El Tiempo con la disculpa del autor: “solo quiero ser grato”, y la dedicatoria al mejor y más querido de sus discípulos: Enrique García Saona, muerto “en trance de decir su canción”.
Maya es un trasunto lírico de la poesía y del alma:

Maya era un sollozo
Maya era una copa
que al ser ya bebida
se quebraba sola.

En ese libro se publicó, hace 70 años, el “Himno de la juventud sanmiguelina”, que hoy repiten con satisfacción piuranos de todas las generaciones. Un himno “de esperanza, de amor y de fe”, el más hermoso que se haya compuesto tal vez en el norte y el sur de este amanecer.
El libro se compone de 35 poemas, divididos en tres secciones de 11 canciones, sonetos y, al final, romances, que van precedidos de dos poemas introductorios: “Canción de Maya” y “Canción de las cosas serenas”, de acusada influencia del gran poeta norteamericano Walt Withman. Tal vez el mejor sea “El rumor de las cosas” y esos versos que resumen:

El volante de la nueva alegría
y el sabor ciudadano de la niebla.

El himno no es extenso ni ampuloso, no aburre ni cansa. Tiene un desarrollo claro. Tiene ritmo, energía, imágenes hermosas y un optimismo desbordante; contrasta con el tono estremecido “como cosa que se ama y que se sufre”, describió Vallejo, del conjunto de sus versos. Tiene varios motivos recurrentes: la juventud, la energía, el impulso vital, la proyección al futuro, pero no suena repetitivo.
Desarrolla con maestría tres temas distintos. Primero una alusión a Anteo, un gigante de la mitología clásica. Hijo de la diosa Gea, la Tierra, era invencible mientras pisaba el suelo. Heracles lo vencerá al suspenderlo en el aire y así Xandóval expresa la importancia de la tierra y de pisar tierra: el realismo da fuerzas, mientras la savia joven se resiente y muere persiguiendo imposibles.

Como Anteo al pisar en la tierra,
nuestra fuerza renace también

Es una alusión reveladora de una posición realista ante todo, distinta del idealismo de la generación del 900, pero que tampoco se deja llevar por el pesimismo posterior. Es una visión que busca en las fuerzas telúricas un impulso para afrontar el futuro. Enrique López Albújar había acudido a esta figura, con un espíritu similar, en un poema famoso:

Anoche estuve en Piura
anoche, a media noche por ventura
ansioso de mirarla, reandarla, sentirla
y aspirar su terrígena fragancia
para, como el gigante mitológico;
recuperar mis fuerzas al pisarla.

Los grandes ideales nacen y se hacen en las personas reales, y ese es el mensaje en que concluye el himno de Xandóval:

Amanece en el ámbito patrio
y amanece en el alma también
y por eso cantamos un himno
de esperanza, de amor y de fe.

La alusión clásica también choca con los motivos incásicos tan al uso: “ñusta escondida” decía Enrique del Carmen Ramos en el himno a Piura, y frases o imágenes similares, tomadas del Inca Garcilaso, del Ollantay, o peor de Prescott, pueblan los coros provinciales con un pasadismo no pocas veces imbuido de leyenda negra contra España (importada y asumida sin más reparo), que incita un narcisismo negativo y victimista. Aquí no hay resquemores ni pesadas cadenas sino luz y fe:

Y por ti, viejo claustro, cantemos;
porque al par que nos abres la sed
nos ofreces el agua clarísima
de tus fuentes de luz, San Miguel.

Una alegoría de tradición cristiana: la fuente clara en la tradición del “viejo claustro” del San Miguel. El porvenir depara la llave de oro y una dulce embriaguez, finalmente, con el triunfo asegurado en ciencia y deporte, tal vez con un deseo de modernidad: el viejo colegio tenía patios pero no zonas deportivas, que es una idea adaptada del modelo educativo anglosajón, hoy extendido a todo el mundo.


Jorge Moscol Urbina recordaba, en entrevista realizada por su sobrino Raúl Moscol León, que se reunían muchas noches a una peña, con Xandóval, con Néstor Martos y otros amigos: “la bohemia antigua, no la borrachera de ahora”, aclaraba JEMU. Una noche, luego de reír los chistes de Victor Raúl Iparraguirre en el viejo Malecón, mientras regresaban a las oficinas de “La Industria” para tomar –de paso– unas copitas más, Pancho Xandóval le dice a Martos: “Fíjate, Néstor, cómo amanece en Piura, casi de una sola vez. No es como en la sierra que amanece de cerro en cerro…” Y Martos le espetó emocionado: “Inspírate…, aquí está el himno que te han pedido los muchachos”. Ya por la plaza Merino Xandóval empezaba a cantar: “Amanece, amanece…” Al día siguiente ya tenía la letra completa y después Wilfredo Obando le puso la música.
Se diría que la inspiración llegó con los amigos, la nocturnidad y las copas de licor, pero por lo visto es claro que el letrista llevaba ya un buen tiempo buscando las palabras propicias para un himno que le “habían pedido” los muchachos. Aunque la embriaguez parece nocturna, el conjunto delata una larga y meditada elaboración. Los viejos colegios no tenían himno, ya que el movimiento que los suscitó fue originado en la Revolución Francesa y extendido aquí con el Romanticismo, luego de la Independencia (el de España aún no tiene letra “oficial”). Con razón Xandóval lo llama así: no fue un concurso, ni una propuesta formal, ni un encargo de Dirección, sino un deseo expreso de los mismos colegiales, a quienes sus profesores atendieron con generosa cordialidad y acierto maravilloso.

Se publicó en el suplemento "Semana" del diario "El Tiempo" de Piura el domingo 16 de octubre de 2011, pp. 20-21.