
“Mangle” es palabra de las islas de Barlovento, según afirma Las Casas[1], y muy pronto aparece en las relaciones que tratan sobre las Antillas y Tierra Firme. Fernández de Oviedo dice que es un árbol “de los mejores” para construir casas y describe los mangles como “muy cerrados y espesos”, sorprendido de verlos “dentro del agua en las costas marinas"[2]. Muy pronto aparece el derivado “manglar”, ya registrado por Pedro de Aguado en las costas de Santa Marta y por Gutiérrez de Santa Clara en referencia a Panamá[3]. El término se incorporó muy pronto al hablar de los conquistadores, tanto así que los primeros que exploraron las costas del Pacífico, en el primer tercio del siglo XVI, llamaron punta Manglares al saliente más occidental de la actual Colombia, junto al río Mira. En efecto, toda esa región costera entre Colombia y Ecuador, según decía Cieza de León se caracteriza por estar “llena de manglares y otras montañas bravas”, y en ellas, como en la isla Puná, los españoles pasaron grandes trabajos y murió harta gente, tanto por las fiebres como por las flechas de los naturales.[4]
La desembocadura del río Tumbes constituye el extremo meridional de la zona de manglares de la costa del Pacífico y forma parte de la ecorregión de manglar del Golfo de Guayaquil. “La costa de Tumbes para adelante –decía Cieza de León– es sin montañas y si las hay algunas sierras son peladas, llenas de rocas y peñas; todo lo demás son arenales y salen a la mar pocos ríos”.[5] El historiador italiano del siglo XIX Cesare Cantú fantaseaba que a los españoles les debió parecer una tierra de promisión tan baja y llana, y tan libre de manglares y de mosquitos, luego de haber guerreado con los indios de la isla Puná y de no haber encontrado riquezas ni alimentos sino flechas entre esas marañas ecuatoriales.[6] Por su parte, López de Gómara daba cuenta de que Almagro, rebelde en el Cuzco, despreciaba a Pizarro con eso de que el marqués “se fuese a gobernar los manglares de la costa”, para mandarlo a rodar, como se dice ahora. Al final la costa concentró el poder económico y político del país contra todas las previsiones del sevillano, pero en aquel entonces solo la sierra parecía ofrecer gobernaciones de provecho.[7]
Finalmente, hoy reclaman los habitantes de Vice por las riquezas naturales del manglar de San Pedro, que no era sino un bosquecillo antes del 83 y no ocupaba más de 300 hectáreas antes de las lluvias del 98, para desbordarse luego hasta una extensión diez veces mayor, que es lo que se ha declarado zona reservada en el año 2007.[8] El manglar crece y disminuye con los caprichos del río Piura, cuya longitud es elástica (según sean las avenidas del mismo): desde sus fuentes hasta la boca de Sechura es de 272 km, hasta la boca Virrilá de 320 km, teniendo el brazo Ramón-Zapayal una extensión de 93 km. Pero no llega al mar en la mayoría de las veces. La misma sedimentación del río forma diques (ahora llenos de basura) que lo impiden así que el caprichoso río Piura lo mismo da vida que amenaza de muerte al manglar.
Piura es una región geográfica original. Lo señalaba Pedro Dávalos y Lissón ya en 1922 y lo explica detalladamente el sabio Gonzalo de Reparaz en la lección inaugural del año académico de la Universidad de Piura, en 1977.[9] Reparaz fue el primero que midió con exactitud la longitud del río Piura y alertó de los efectos de la salinización. En un valle en que el curso del río cambia casi cada año no es posible tener un mapa definido y así el del Instituto Geográfico Nacional, elaborado con fotos aéreas por el Ejército del Perú, que sirvió de base para el estudio del impacto ambiental de una compañía petrolera no estaba amañado, como denunciaban algunos recalcitrantes, sino anticuado: desfasado no en dos o tres siglos, sino en tan sólo unos pocos años, siquiera décadas.
Georg Petersen señaló en 1956 que la vegetación ecuatorial de los manglares del Golfo de Guayaquil y del río Tumbes se extendía, en el Plioceno, hasta Sechura, abarcando casi toda la costa piurana.[10] Hay evidencias arqueológicas de aprovechamiento de recursos de manglar (conchas negras, etc.), en el precerámico, en sitios ahora desérticos como Máncora o Amotape, hace más de cinco mil años. Anne Marie Hocquenguem descubre que usaban cordeles y redes de algodón coloreado con el tinte de los mangles rojos.[11]
El clima cambió y transformó el paisaje. Los largos estiajes del río Piura y las sequías pertinaces hacían imposible el desarrollo del manglar y configuraron el paisaje desértico descrito por los cronistas españoles. Es la intervención humana –y las semillas transportadas por las aguas o los vientos cuando hay niño, me dice el ingeniero Wilfredo Castillo– la que ha devuelto el manglar a estas latitudes, en pleno siglo XX, con la construcción de reservorios y el proyecto Chira-Piura, que trae agua constante al valle del bajo Piura y que también ha aumentado su salinidad, al aflorar las sales del subsuelo. La tala indiscriminada (ilegal pero generalizada a manos de bandas organizadas) de los bosques de zapote y algarrobo, cuya leña es consumida, a subido precio, por las pollerías de todo el país, y la destrucción de los bosques andinos por la agricultura intensiva de la sierra, ya denunciada desde principios del siglo XX y carente de todo sustrato técnico, favorecen la erosión de la cuenca alta y acumulan sedimentos en el cauce bajo del río,[12] creando condiciones propicias al manglar en San Pedro. Lo que parecía ser un relicto antiguo en peligro en realidad se ha revelado como un joven bosque en expansión.[13] También está apareciendo un nuevo manglar en la bocana del Chira en Vichayal, en Paita, donde hay menos sedimentación por el mismo acolmatamiento de la represa de Poechos.
Con el calentamiento global Piura se tropicaliza, y con el túnel de transvase del alto Piura trayendo un nuevo caudal permanente al valle del Piura muy probablemente el manglar de San Pedro invadirá los campos petrolíferos y tal vez crezca incluso hasta Virrilá y Bayóvar. Para entonces, con las tierras de cultivo echadas a perder por la salinización y los drenes acolmatados, los pobladores de Vice podrán al menos pescar langostinos, percebes y conchas negras.
NOTAS:
[1] Dice Bartolomé de las Casas: “árboles de la mar que según la lengua desta Española se llaman mangles”, en Historia de las Indias, Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1986, p. 541.
[2] Gonzalo Fernández de Oviedo, Historia general y natural de las Indias, Madrid, Atlas, Biblioteca de Autores Españoles, 1992, vol. I, pp. 144 y 338.
[3] Ver Ver María Victoria Romero, "Indigenismos en dos diccionarios españoles: Autoridades y Terreros", en Las Indias (América) en la literatura del Siglo de Oro: homenaje a Jesús Cañedo, I. Arellano, (ed.). Kassel, Reichenberger, 1992, pp. 265-283.
[4] Pedro Cieza de León, Crónica del Perú, Primera Parte, Ed. F. Pease, Lima, PUCP, 1984, p. 31-32.
[5] Ibidem, p. 37.
[6] Césare Cantú, Historia Universal, Gaspar y Roig, Barcelona, 1868, tomo 10, p. 670.
[7] Francisco López de Gómara, Historia general de las Indias, Madrid, Espasa-Calpe, 1932, vol II, p. 60.
[8] La OM 01-07-MDV-A, del 19.01.2007, declara Área de Conservación Municipal a los Manglares de San Pedro, al área que comprende el bosque del mangle y algarroba en una extensión de 3013.9 Hás. y zona de amortiguamiento de 5961.69 Hás. Algo más de doscientas familias viven de la pesca artesanal en esta zona.
[9] Pedro Dávalos y Lissón, La primera centuria: causas geográficas, políticas y económicas que han detenido el progreso moral y material del Perú en el primer siglo de vida independiente. Tomo II Causas Geográficas. Lima, Imprenta Gil, 1922, p. 171. Gonzalo de Reparaz, Piura: región geográfica original, Piura, Universidad de Piura, 1979.
[10] Georg Petersen, Divulgación geológica a través de ilustraciones, Lima, Instituto de Ingenieros de Minas del Perú, 1956, p. 45.
[12] Lo describe perfectamente Samuel M. Scott en su exploración de una posible vía de ferrocarril de Paita al Marañón: From the Sea to the Amazon (1894). Más claramente lo denunciaba Juan Ugaz, en su Bosquejo del río Lambayeque, su origen, afluentes y sus riqueza. Imprenta Mercantil, Lima, 1903.
[13] G. M. Peña, “Un relicto de manglar en San Pedro (Piura): Estudio preliminar”, en Boletín de Lima 42, 1985, pp. 27-32. Hace cien años nadie conocía el lugar sino como la caleta de San Pedro. Cfr. Emilio Romero, Perú: una nueva geografía. Lima, Studium, s.f., p. 64.
La foto del manglar de Vice está tomada de http://gua30.wordpress.com/2009/02/16/fiesta-en-el-manglar-de-san-pedro/
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