18 de septiembre de 2010

Carlos Robles Rázuri y la lexicografía norperuana

Carlos Robles Rázuri nació en Piura, el 30 de junio de 1916, hijo de Wilfredo Robles y María Rázuri Coronel. Estudió su primaria en el Colegio Salesiano y secundaria en el Colegio San Miguel, donde se desempeñó como profesor de Castellano y Literatura por más de tres décadas. Muchos lo recuerdan también cuando se desempeñaba como Jefe del Departamento de Normas Educativas. Imponía la disciplina escolar a los alumnos quejados por mala conducta sin vejaciones ni alharacas: con firmes y decididas reconvenciones que conmovían al más zamarro.

Todos saben que uno de los que lo recuerdan de modo especial es Mario Vargas Llosa. El profesor Robles fue quien lo apoyó, siendo estudiante de quinto de secundaria para presentar en 1952 su obra dramática: “La huida del Inca” en el desaparecido teatro Variedades de Piura, hecho que el escritor ha recordado en una entrevista que le hizo Alonso Cueto y en otras varias oportunidades, y que consigna en sus memorias: El pez en el agua. Y en el discurso que ofreció al recibir el doctorado honoris causa en la Universidad Nacional de Piura afirma, luego de aludir a Néstor Martos:

“Era también un gran profesor Carlos Robles Rázuri, un profesor de literatura que nunca olvido, enseñaba la literatura no para ganarse la vida sino porque la amaba; era una pasión que sabía transmitir contagiándola a quienes lo escuchábamos, era además un profesor generoso que continuaba su magisterio fuera de las aulas y no vacilaba a los estudiantes inquietados por sus clases- a prestarnos los libros de los que nos hablaba con tanta inteligencia y pasión.”

Don Pepe Estrada Morales (su profesor de Historia) me relató la difícil pero exitosa reunión que mantuvieron él y Robles Rázuri con el director del San Miguel para convencerle de que no debían presentar algo de Casona o de Salazar Bondy sino un texto original de uno de los alumnos del Colegio. El joven Mario tenía notas destacadas, como resaltó una investigación llevada a cabo por alumnos de periodismo de la Universidad de Piura hace un par de años (su promedio final fue 85 sobre 100), y el respaldo de Robles convenció al doctor Luis A. Marroquín, le qeudaban pocos años como director del Colegio, de la idea de presentar "La huida del Inca". Ello le valió el segundo premio de Teatro Escolar y Radioteatro del Ministerio de Educación en el año 1952. Lo que no sabemos es quién diantres ganó el primer puesto.

Carlos Robles había estudiado periodismo becado en la Universidad Interamericana de Nueva York, en 1939 y obtuvo su título de periodista en la Universidad de San Marcos unos años después en 1966. Ejercio la profesión de manera permanente una columna que publicaba en el diario El Tiempo y también en La Industria (periódico que dirigió un breve tiempo), en los que se ocupaba de los más variados temas. Escribió sobre problemas de la ciudad, como el inacabado ya entonces centro cívico, y sus figuras más relevantes, como Grau o Ignacio Merino, sobre escritores como Eguren o López Albújar, sobre la educación peruana así como muchos temas de coyuntura.

Publicó tres grandes colecciones de artículos, que superan en cada caso el centenar y abarcan los años 1972 a 1984, sobre “Historia de Piura”, “El libro de Cabildo de la ciudad de Piura” y sobre “La lengua de los piuranos”, de la que hablaremos más tarde. También publicó series más breves en el mismo medio: “Historia del club Grau”, “El tondero piurano”, “Historia del campesinado en Piura”, y “La mujer en la historia de Piura”. Publicó una Antología de poetas piuranos (1950), un Panorama de la literatura piurana (1952), una Historia de Piura (que recoge sus artículos, en 1973), y acompañó con sus textos las fotografías de Manuel Quiroz Jiménez un simpático libro editado por la Municipalidad con el título: “Aspectos gráficos de la historia de Piura” (1971). También publicó textos escolares, uno de “Castellano” y otro de “Sucesos piuranos”. Miguel Antonio Varillas considera que “fue uno de los personajes piuranos más importantes de ese siglo” destacando su piuranismo: “su pensamiento y su pluma estuvo al servicio de Piura”.

Fue también director del Archivo Departamental de Piura y director del Instituto Nacional de Cultura filial Piura (hasta 1979), en septiembre de 1984 fue elegido decano del Colegio de Periodistas de Piura, y también fue miembro fundador del Grupo Literario Artístico Piura (GLAP y editor de su revista “Perfil Piurano” junto con el profesor Varillas, Carlota Ramos, Elvira Castro).

Fue también un gran promotor cultural y elaboró proyectos para la creación de un departamento de cultura en el Banco Regional del Norte y también en el Centro Piurano (a su muerte estaba escribiendo una serie de artículos sobre la historia de esta institución), en que proponía entre otras cosas conformar un equipo para elaborar una Historia de Piura, lo que finalmente logró culminar un grupo de investigadores de la Universidad de Piura, bajo la dirección del profesor Del Busto y la coordinación de Jorge Rosales, en el 2003. Carlos Robles defendía entonces “la estrecha relación que debe existir entre las gentes que dirigen la economía y los que cultivan la cultura y el arte”. Todo por amor a Piura, “la tierra del sol, la luna, los algarrobos, el eterno verano y la esperanza que no muere jamás”, decía Robles en 1983.[1] Luis Ginocchio Feijóo lo considera ya en su panorama del periodismo y la literatura piurana y José Vicente Rázuri escribe en 1961:

“Carlos Robles tiene la virtud de los venerables maestros del pasado, la ciencia lo acompaña y es un ejemplo para sus alumnos, meticuloso historiador, persigue los anaqueles en la búsqueda de infolios olvidados entre polvo y telarañas para decir a la ciudad su pasado glorioso, sus anécdotas que conducen a hacer conocer el buen vivir de la sociedad y las ocurrencias de sus abuelos. Carlos Robles es de buen templada pluma, sus cuentos llenos de capítulos sobrios y cuidadosamente pegados a la sintaxis y a la sinderisis, estructura sus carillas con verdadero arte ortográfico y el maestro se presenta a su público con la particularidad y recato del que sabe lo que hace y ofrece lo que tiene.”[2]

Carlos Robles recibió el diploma de honor del Concejo Provincial de Piura en 1970 así como el diploma de honor de la Comisión Nacional del Sesquicentenario de la Independencia en 1971, y las Palmas Magisteriales en 1983.

“Los piuranos tenemos una tracalada de piuranismos, frases, refranes, modismos, que viven con nosotros, que forman parte de nuestro vivir diario y que, sin embargo, han sido poco estudiados o no han merecido atención alguna de lingüistas propios o foráneos”.[3]

Robles Rázuri fue uno de los que más se han ocupado de los piuranismos léxicos, a pesar de que no llegó a componer un diccionario. Antes que él mismo, como destaca en la tercera entrega de sus artículos se tenía los aportes de Martha Hildebrandt, Enrique del Carmen Ramos y José Vicente Rázuri.

Martha Hildebrandt presentó en 1949, con el título: El español de Piura una tesis para optar al título de doctor en letras en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Sin pretender un "estudio exhaustivo", hace observaciones muy interesantes de la fonética, morfosintaxis y especialmente el léxico piuranos. Fundamentalmente percibe una "considerable proporción de arcaísmos." La parte que dedica al léxico fue publicada en la revista Letras de San Marcos y con sus 277 entradas léxicas constituye la base de toda la lexicografía norperuana posterior.[5]

Carlos Robles destaca igualmente la labor del profesor y periodista piurano Enrique del Carmen Ramos Briceño (1866-1950), autor del “Himno a Piura” y exhaustivo investigador de la fundación de San Miguel de Piura. Según Robles, Ramos fue posiblemente “el primero que inició la recopilación del habla piurana”.[6] Recopiló una “Selección de piuranismos, modismos y refranes” que legó a Edmundo Arámbulo Palacios, y fue el germen para que éste mismo elaborara luego su Diccionario de piuranismos (1995).[7] No hemos podido encontrar el original manuscrito aunque los papeles de Arámbulo se conservan en la biblioteca municipal de Chulucanas, su tierra natal.

José Vicente Rázuri Cortés (1879-1968), aunque nacido en Jequetepeque, vivió buena parte de su vida en Piura, donde se desempeñó también como periodista y escritor costumbrista. Fue subprefecto y prefecto de Piura y dejó una lista de vocablos piuranos ordenados por orden alfabético que parece haber sido el punto de partida del repertorio recogido por Robles Rázuri, a la sazón su sobrino, por la otra rama de los descendientes de José Andrés Rázuri, héroe de Junin. El original no se ha conservado, pero lo cita en varias entradas, como en las de algarrobina, nicula, cachero, barranco, donde lo elogia por ser un hombre “de mucho talento y mucho ingenio”. Por el título que recoge Robles, Vicente Rázuri había dado a su repertorio un valor normativo desde un enfoque muy purista: “Modismos, vicios y castellano mal hablado en el Departamento de Piura”. Nada más y nada menos. Tampoco hemos podido encontrar el documento aludido, pero Rázuri recoge definiciones lexicográficas en los entretelones de sus propios relatos literarios y sobre todo en sus estampas costumbristas, por ejemplo, la nicula: “según opinión de los cholos que la usan, sirve para castigar al burro y corregir a la mujer”, decía José Vicente Rázuri.[8] Carlos Robles suaviza la cosa: “para amansar cristianos bravos y bestias chúcaras”, aunque aprovecha para fantasear sin ironías: con una buena vapuleada de una nicula “se terminó el imperio de las capullanas en el Valle del Piura (58).[9]

En realidad, los escritores piuranos se anticiparon en el registro del vocabulario popular, como ha ocurrido en tantos lugares, y así Enrique López Albújar utilizaba piuranismos en los relatos que publicaba en la prensa local en 1926-27, como “yupisingue”, que define: “concentrado de algarroba”, y constituía el desayuno habitual en la región; y así palabras como “piquello”, “cumamana”, “biringuito” (lo escribe con grande), “che”, etc., lo que demuestra el sincero criollismo del escritor. Cuando unos señoritos se accidentan por un despiste al regreso de Bayóvar a Piura dice el paisano en el relato de López Albújar: “No hay como el piajeno”.[11]

Hildebrando Castro Pozo (1891-1945), natural de Ayabaca, fue profesor, político y escritor, fundador del Partido Socialsta y representante por Piura en la Asamblea Constituyente de 1931, diputado hasta 1936 y senador hasta su muerte en Lima, en 1945. Publicó una colección de cuentos titulada Celajes de Sierras (1918), y luego una novela: Renuevo de peruanidad (1934), en donde muestra un fino interés por el sentido y origen de las palabras populares, y así por ejemplo, en el prólogo se detiene a explicar la etimología de yanacona (p.14) y tampu (p. 28). Más adelante explica “calapitrinche” señalando que es “modismo limeño, que significa rotoso, pobrediablo o, despectivamente, veinticuatrino”.

Francisco Vegas Seminario registra luego una profusión de piuranismos, en 1956: “cholo marrajo, más fello que un piajeno”, “cholo ardiloso”, “velay con el piajeno mojino”, “José Celestino volvió a tenderse en la barbacoa”, “un macanche con tamaña cabeza”, etc.[12]

Miguel Justino Ramírez recoge un vocabulario de voces de Morropón en su libro Lo que el cholo cano de dijo. Folclore morropano, en el que incluye frases y modismos como "gallinazo no come gallinazo" que es un claro precedente de una frase similar que se aplica actualmente a los congresistas.

Jorge Moscol Urbina, Rómulo León Zaldívar y Elvira Castro de Quiroz son citados a menudo por Robles Rázuri. Justino Ramírez también destaca los piuranismos que utiliza en sus relatos de Cuentos de don Miguel (1963). Por fin Carlos Espinoza León (Chulucanas, 1945) añade, al final de su novela Froilán Alama, el bandolero, un glosario de 141 entradas que incluyen siete locuciones o frases hechas, con definiciones escuetas: “cololo”, ‘sapo’.[13] Como diría César Vallejo: “Los hermanos mayores siempre delanteros”.

Con posterioridad al trabajo de Carlos Robles siguen elaborándose repertorios de piuranismos. Tenemos los diccionarios de Esteban Puig –que se inspira en los aportes de Carlos Camino Calderón[14] (dos ediciones en 1985 y 1995), y de Edmundo Arámbulo Palacios (1995), un repertorio inserto en una miscelánea de Carlos Arellano, además de un diccionario de localismos de Sechura, hecho por César Arrunátegui (1996).[15]



NOTAS:




[1] El Tiempo, 23 de noviembre de 1983, p. 6.

[2] José Vicente Rázuri, “Recuerdos piuranos”, 1961, p. 103.

[3] “Tracalada”, en “La lengua de los piuranos”, publicado en El Tiempo, 19/05/1983, p. 6.

[4] P. HENRÍQUEZ UREÑA, "Observaciones sobre el español de América". Revista de Filología Española, VIII, 1921, 357-390.

[5] "El español en Piura. Ensayo de dialectología peruana", en la revista Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima, 43, 1949, pp.256-272.

[6] Carlos Robles Rázuri, “La lengua de los piuranos”, publicado en El Tiempo, 02/07/1982, p. 4.

[7] Edmundo Arámbulo, Diccionario de piuranismos. Piura, Municipalidad Provincial de Piura, 1995.

[8] En Recuerdos Piuranos, Lima, Tipoart, 1961, pág. 111. Y en otra de sus remembranzas: “La nicula sirve para manejar al burro y también para corregir a la mujer; es arma segura y respetada en una tarde de elecciones, el golpe de nicula es golpe dado que nadie lo quita.” En Mi cuarto atentado, Piura, 1945, pág. 43. Ver también Anecdotario norteño: 50 anécdotas risueñas. Lima, Imprenta La Cotera, 1941. Carlos Camino Calderón también trata esta palabra en su Diccionario.


[9] Carlos Robles Rázuri, “La lengua de los piuranos: Nicula”, publicado en El Tiempo, 03/09/1982, p. 4.

[10] Ramírez, Miguel Justino, Lo que el cholo Cano me dijo. Folklore morropano. Chiclayo, Imprenta Castillo, 1950, págs. 84-154.

[11] En Cuentos de arena y sol, edición de Raúl Estuardo Cornejo. Lima, Consejo Nacional de la Universidad Peruana, 1972, pág. 108. También recoge abundante léxico con la artificiosa pretensión de reflejar el habla piurana en los años previos a la independencia, en Matalaché (1928), Lima, Peisa, 1996.

[12] En Taita Yoveraqué, Lima, Juan Mejía Baca y P. L. Villanueva (eds.), 1956, págs. 39, 44, 51, 74, 134 y 138. José Estrada Morales estimaba que la novela "es una estampa viva de la realidad piurana" y "ni que decir del habla, las contracciones, la música de los términos, dichos sabrosos y expresiones con ají y pimienta" (a pesar de que el novelista ¡confunde poto y mate!), por lo que es una fuente de información valiosa "estudiándola en profundidad". Ver Manuel Vegas Seminario, acercamiento a las orillas de su fuente. Piura, Imprenta Huiman, 1999, pp. 31 y 91.

[13] Carlos Espinoza León, Froilán Alama, el bandolero. Piura, Maza editor, 1997, págs. 158-163.

[14] Carlos Camino Calderón, Diccionario folklórico del Perú. Lima, Compañía de Impresiones y Publicidad, 1945.

[15] Esteban Puig, Breve diccionario folclórico piurano. Piura, Universidad de Piura, 1995, p. 16; Edmundo Arámbulo, Diccionario de piuranismos, Piura, Municipalidad Provincial de Piura, 1995; César Arrunátegui Novoa, Diccionario costumbrista sechurano, Sechura, 1996; y Carlos Arellano Agurto, Piuranidades. Dichos y costumbres de Piura. Piura, Sietevientos, 1996.