2 de febrero de 2010

Bamba (II)

Se han señalado razones respecto que la cultura bamba surge del subempleo y el analfabetismo, e incluso de la infravaloración que se hace de lo propio. También es un efecto de esta idolatría del consumismo que obliga a todos a comprar lo que sea como sea a como dé lugar. Y está en consonancia con un fenómeno de incoherencia personal y esquizofrenia social que suele conocerse como “achoramiento”, en que la credibilidad y la confianza en las normas se reemplaza por una actitud pragmática que considera la posibilidad de transgredirlas si con ello se alcanza algún propósito.[1] El imperio de la informalidad también se pone de manifiesto en otras expresiones surgidas todas en el ámbito coloquial. Así pues, un respeto simulado a la norma se suele indicar como “un saludo a la bandera” o las artimañas por las que se evade el control de la ley, se conoce como “sacarle le vuelta” o “hacer la finta”. Otra expresión frecuente es hacer “la mecida” para que los asuntos prescriban o, simplemente, la persona o institución agraviadas se cansen de esperar y finalmente se olviden del reclamo, lo que también se conoce como “hacerla larga”. En el mundo laboral hay que pagar "derecho de piso". Caer en la trampa también se conoce como “pisar el palito”. Son también expresiones coloquiales "la criollada", y “trafa” que parece acortamiento humorístico de “tráfago” o "estrafalario", pero más supongo que vendrá de "trafica" o "traficante", y también el soborno se conoce popularmente como “coima”, palabra que en la jerga del siglo XVII significaba ‘prostituta’. Todo este léxico mantiene una estrecha relación, y va ganando terreno en otros ámbitos. Así por ejemplo, se dijo que en juicio al presidente Fujimori había sido “una farsa montada con testigos 'bamba'”.[2] Últimamente se ha difundido "faenón", que no es más que un superlativo lexicalizado.

Pesquisas lexicográficas
La palabra “bamba” en español es una voz onomatopéyica con cinco acepciones: ‘acierto’, ‘bollo de crema’, ‘ritmo bailable’, ‘baile que se ejecuta con ese ritmo’ y en Cuba, ‘andamio’, quizá por bambalearse 'columpiarse'. También era el nombre de una marca peninsular de zapatillas y de ahí sigue llamándose así un calzado de lona con suela de goma. La Real Academia acogió con la marca “coloquial” la incorporación de “bamba” y “bambear” según la propuesta de la Comisión de Lexicografía de la Academia Peruana de la Lengua, que fue constituida en abril de 2000,[3] que a su vez repetía las acepciones que había registrado Juan Álvarez Vita en 1990.[4] El caso apuntado arriba permite suponer que "bamba" recibe las acepciones de 'adulterado', 'falsificado', como se ve en el primer caso, pero también se aplica a productos de contrabando y de origen dudoso e incluso a productos legítimos que se venden con la fecha vencida, al menos en el caso de las medicinas, como se muestra aquí, y es que en general se extiende su uso a todo aquel objeto de comercio que no cumple con lo que se espera o no ofrece lo que aparenta.
Eder Peña, miembro de dicha comisión, me hace ver que el lingüista Julio Calvo cree que este “bamba” tiene también un componente onomatopéyico no exento de carácter humorístico. [5] La repetición es usual en las expresiones peyorativas, pero la palabra tiene una historia más complicada. Quiero decir, que no parece ser una creación espontánea, sino una voz con una raíz histórica.
Eder Peña me indica que Foley Gambeta menciona “bamba” como término de replana: “Alhaja falsa que se pretende pasar por como legítima”, o “cualquier joya de fantasía, en particular la sortija.” Probablemente la moda de hacer alhajas con las pequeñas monedas antiguas facilitó el traslado del término del ámbito numismático al del mercadeo.

Las monedas bambas canarias
Así pues, en el siglo XVIII, en las Islas Canarias, se falsificaron a gran escala unas monedas de plata que llamaban “bambas” por decir que eran antiguas. Los reales “bambas” inundaron las transacciones al punto que medio siglo después Carlos III tuvo que ordenar la extinción de todas las monedas acuñadas en las islas, ya fueran firmes o bambas.
Martha Hildebrandt señala en una nota que “bamba” parece proceder de Sudamérica septentrional y las Antillas. Pero en realidad era usual en Costa Rica, Nicaragua y Honduras, países en los que se conocía como “bambas” a las monedas de un peso, herederas de los antiguos reales canarios.[6] De ahí también se debe explicar la frase negativa “ni bamba” que era usual en Colombia:
“¡Si no fuera por eso, ni bamba de trabajar en esa nada de madera!”[7]

Todavía hoy los canarios acostumbran a llamar “godos” a todos los peninsulares. Y así esas monedas antiguas, ya muy gastadas y en su mayor parte vueltas a acuñar con otra ley por los mismos plateros canarios. Para cuando el rey ordenó que se retirasen todos esos “reales bambas”, como la mayoría eran falsos, el nombre propio de las monedas, gentilicio familiar en las islas, terminó recibiendo ese contenido calificativo a la pieza de pequeño valor o falsa.
En efecto, en Canarias además de los pesos fuertes de América y los tostones de Portugal habían corrido siempre con abundancia ciertos reales y medio reales de plata de dos o tres especies de cuño, y los que se usaron durante el reinado de los Reyes Católicos allí los llamaban bambas y tenían por sello un haz de saetas y al reverso una coyunda con los nombres de Isabel y Fernando. En la Península se dieron por inútiles desde 1726 y se llevaron a las Islas, donde evidentemente había menos control monetario. El historiador del siglo XIX José de Viera y Clavijo refiere que hacia 1720 “se notó que los realillos de mala ley inundaban enteramente el comercio”, pues de una onza de plata sacaban los monederos treinta y cinco y a veces cuarenta reales corrientes, y así pues mientras los superiores disimulaban o dormían “los fabricantes de bambas abundaron”.[8]
Esos realillos contrahechos y sin el peso correspondiente pasaban de mano en mano hasta que en 1734 un holandés denunció “que los reales bambas con que querían pagarle eran falsos y que semejante moneda no valía”. Con ello también la renta del tabaco se veía perjudicada,[9] por lo que salió un edicto ordenando que “se manifestase en la tesorería real de La Laguna toda la moneda bamba que cada uno tuviese (...) se cortase la falsa (estuviese o no resellada) y se volviese con la moneda legítima a sus dueños”. Los plateros aprovecharon la oportunidad para quedarse con el 10% del valor y ante la amenaza de perder ahí sus haberes muchos optaron por esconder sus monedas antes de bajar a resellarlas. El 20 de abril de 1776 Carlos III firma una pragmática extinguiendo las monedas antiguas y peculiares “que han corrido en las Islas Canarias bajo del nombre común de fiscas y bambas, que se daba a las islas a su antigua moneda”.[10]
No hay que olvidar que las islas Canarias, en la vía de Sevilla a Cartagena y la Habana, constituyeron un importante puente lingüístico entre dos mundos gracias al comercio y las migraciones.

Bambas por antiguas
Y la razón por la que los canarios llamaban “bambas” a las monedas disfrazadas de viejas es la que llevaba a Juan del Valle y Caviedes, en Diente del Parnaso, a decir que un médico único en Lima se había curado “de un pestífero contagio”, que no es otro que el “mal de pobre” porque:
“Casóse con una vieja
más antigua que Velazco,
que al rey Wamba no le dejó
nada en materia de años.
Viuda era de un panadero
Y con Pico se ha velado,
Con él gastará sirviendo
Lo que otro ganó amasando.”[11]

Porque los panaderos eran (y son todavía) personas de buena posición. Era una alusión estereotipada todavía en tiempos de Ricardo Palma, que trata así al clérigo Larriva:
"Hasta 1820, juzgándolo por sus escritos, fue Larriva más monarquista y godo
que rey Wamba y desde 1824 a 1826, más republicano y bolivarista que Bolívar.
Después fue en política todo lo que Dios quiso permitirle que fuera. Siempre
oportunista o partidario del sol que más alumbra." [12]

Igual se decía del tiempo de Maricastaña o de Ñangué,[13] sin saber quiénes pudieran haber sido. Los canarios llaman todavía hoy “godos” a todos los peninsulares, y así llamaban “reales bambas” a los acuñados en tiempos de los Reyes Católicos, ya muy gastadas y en su mayor parte vueltos a acuñar con otra ley por los avispados plateros canarios, aunque Ambrosio de Morales afirmaba haber visto todavía, en el siglo XVI, monedas de oro con letras «Wamba rex» y el rostro del rey “mirando con atención una cruz”.

El legendario rey Wamba, (o Bamba)
Sucesor de Recesvinto en la España visigoda, es mencionado dos veces en el Quijote, sacado «de entre los bueyes, arados y coyundas para ser rey de España» (II, 33); Cervantes pudo leer la Historia de los Reyes Godos que vinieron de la Escitia de Europa, de Julián del Castillo (1582. 52), pero un romance muy popular relataba también que luego de muchas disputas entre los godos, un ángel manifiesta “que el rey que ellos esperaban, / su nombre Bamba sería / y lo habían de hallar arando / cerca de la Andalucía”. El lugar estaba en Portugal, entonces unida a España en la persona de Felipe II, por lo que resultaba una figura ejemplar y prueba además de la divina Providencia:
En el tiempo de los Godos,
que en Castilla rey no habia,
cada cual quiere ser rey
aunque le cueste la vida.

Disputaban por quién fuera el siguiente rey y san León papa les indicó que el escogido era Bamba, un noble godo que vivía olvidado de todo en Hircania, (actual Portugal), arando sus tierras feliz con sus dos bueyes como el viejo arquero Appleyard en La flecha negra de Stevenson con sus coles.
El nombre del “buen rey Bamba” se relacionaba además con varias frases del folklore español: “viven en Bamba” se decía de los tontos, o “caballito de Bamba”, a los displicentes. En una comedia de Calderón de la Barca se dice de un enamorado: “ni anda ni come ni bebe, / como el caballo de Bamba”. Lope de Vega compuso una comedia sobre el rey Bamba que vio la imprenta en un volumen que incluye también “El cerco de Santafé” y el drama de Bernardo del Carpio, inspiración de muchas dramatizaciones populares. “Por él está la coyunda / puesta en reales de Castilla”, dice el romance.[14]
También en la última novela picaresca, La vida y hechos de Estebanillo González se cuenta que a la quiebra de un “vivandero” nadie se quería llevarse en el remate un viejísimo rocín que parecía “caballito de Bamba”.[15] Y en otra comedia de Tirso de Molina:
“Pero ¡que tenga yo un amo en menudos,
como el macho de Vamba, que ni manda,
ni duerme, come o bebe, y siempre anda!”[16]

Conclusión
Ahora decimos bambas a panetones y medicinas peores que monedas falsas. Todavía se resiste a la concordancia: “¿juguetes bamba o bambas?”, y es que la palabra fue nombre propio y término común antes de convertirse, en el Perú, en ingenioso calificativo de la informalidad.
Desde las ciencias sociales, tan proclives a inventar conceptos, se ha creado el sustantivo “bambeo” a imitación y por una forzada correspondencia con “huaqueo”, con la presunción de que el discurso académico falsea la identidad histórica de un pueblo. Pero a mí me parece que es una especie de lingüística bamba por no decir otra cosa.[17]

En el idioma ha habido otros términos para significar lo que no tiene el valor que le corresponde. Así, en el siglo XIX se extendieron monedas falsas procedentes de Bolivia que se conocieron como "pesos febles", por decir "débiles" o de poco valor.
Nos queda por resolver si del mismo origen de este “bamba” peruano puede venir también el nombre de un baile mexicano con algo de trescientos años de antigüedad, cuenta con más de doscientas versiones, aunque la más conocida es esa que dice:

“Para bailar la bamba se necesita una poca de gracia…”

Por la difusión que tuvieron en América los romances y las adaptaciones populares que tuvieron las comedias de Lope convertidas en farsas y danzas rurales como las de Bernardo el Carpio y otras que se conservan en los pueblos de Sechura o Colán en el norte del Perú, no sería impensable que algo similar hubiera ocurrido en la Nueva España.

Una versión reducida de este artículo se publicó en Correo, el 10 de enero de 2010.

NOTAS
[1] Oswaldo Medina, “La cultura del achoramiento. Nueva estrategia para el ascenso social”, en El achoramiento, una interpretación sociológica, Lima, Universidad del Pacífico, 2001, p. 46.
[2] El Comercio, edición digital, 16/02/08.
[3] Ver Ana Baldoceda, “Resultados de la propuesta lexicográfica peruana en el diccionario de la Real Academia”, en Boletín de la Academia Peruana de la Lengua, 36, 2002, pp. 85-162.
[4] “Bamba adj. fam. Adulterado.” “Bambear. fam. ‘adulterar’. Juan Álvarez Vita, Diccionario de peruanismos, Lima, Studium, 1990, p. 77. En la segunda edición amplía un poco las acepciones: “Bamba, ‘falso, adulterado’.” “Bambear. ‘adulterar un producto o venderlo con falsa presentación’.” Juan Álvarez Vita, Diccionario de peruanismos. El habla castellana del Perú. Lima, Academia Peruana de la Lengua y Universidad Alas Peruanas, 2009, pp. 85-86.
[5] Diccionario Español-Quechua/Quechua-Español. Lima, Universidad San Martín de Porres, 2009.
[6] Ver Miguel A. Quesada Pacheco, Diccionario histórico de Costa Rica, San José, EUNED, 1995.
[7] Tomás Carrasquilla, La marquesa de Yolombó (1928). Ed. Kurt L. Levy, Ayacucho (Caracas), 1984, p. 116.
[8] José de Viera y Clavijo, Noticias de la historia general de las Islas de Canaria: contienen la descripción geográfica de todas: una idea del origen, carácter, usos y costumbres de sus antiguos habitantes: de los descubrimientos, y conquistas que sobre ellas hicieron los Europeos: de su gobierno eclesiástico, político... Impr. y Litografía Isleña de J.N. Romero, tomo IV, 1863, p. 369.
[9] Aunque señala Viera y Clavijo que “fue la causa el hallarse el obispo y otros muchos personajes de islas con muchos miles de pesos en reales bambas”, ibid., p. 370.
[10] Colección de pragmáticas, cédulas, provisiones, autos acordados, y otras providencias generales expedidas por el Consejo Real en el reynado del Señor Don Carlos III: cuya observancia corresponde á los tribunales y jueces ordinarios del reyno, y á todos los vasallos en general. Madrid, Viuda e hijo de Marín, 1803, p. 329.
[11] Juan del Valle y Caviedes, “Casamiento de Pico de Oro con una panadera vieja, viuda y rica”, en Obras. Ed. Rubén Vargas Ugarte, Lima, Clásicos Peruanos, 1947, pp. 266-268.
[12] Ricardo Palma, Tradiciones Peruanas Completas. Edición de Edith Palma. Madrid, Aguilar, 1964, p. 1028.
[13] Rubén Vargas Ugarte, Glosario de peruanismos, Lima, 1953, p. 74.
[14] En el romance Bamba tira de dos bueyes uno blanco y otro prieto. En la comedia de Lope uno es rojo y otro blanco.
[15] Madrid, Cátedra, Ed. A. Carreira y J. A. Cid, 1990, vol. II, p. 35.
[16] Don Gil de las calzas verdes, III, escena 8.
[17] Dorian Espezúa Salmón, “Huaquear y bambear”, Identidades, Suplemento cultural de El Peruano, Lima, 10 de marzo de 2003, pp. 5-7

7 comentarios:

El Huaminka dijo...

Felicitarlo por ese gran esfuerzo por investigar la linguistica prehispanica y especialmente la de nuestra región.
El termino actual "bamba" es utilizado con muchos significados, dentro del lenguaje formal y dentro de la jerga popular. También se debe mencionar la importancia que tiene este termino dentro de los toponimos de algunos lugares en nuestra región y otras partes del Perú. Por ejemplo se puede apreciar en los nombres de Huancabamaba,Socchabamaba (Ayabaca),en otros nombres, al parecer,ha sufrido una tergiversación Pambarumbe, Maraypampa,Pacaypampa. No se si tendrá alguna relación pamapa y bamaba.

Carlos Arrizabalaga dijo...

El adjetivo "bamba" usual en el habla coloquial peruana no tiene ninguna relación etimológica con el quechua "pampa"~"bamba" componente de muchos topónimos, cuya variación responde a la fonética que presentan sus diversos dialectos.

Anónimo dijo...

HOLA
Te comunico la direccion del blog con el trabajo de invstiagcion sobre linguistica prehispanica

http://arqueolinguistica.blogspot.com/

ojala puedad visitarlo y darme un comentario.
Un fuerte abrazo

Gracias

RUDY MENDOZA

Anónimo dijo...

Deseo comunicarme con Usted.
benitosomalo@bibliotecagonzalodeberceo.com

Gracias.

Carlos Arrizabalaga dijo...

Puede escribirme a mi correo en la Universidad de Piura: carlos.arrizabalaga@udep.pe

Anónimo dijo...

Hola, las monedas llamadas bambas en Canarias fueron una piezas de plata recortadas a las que le resello un leon de tres patas.
Para ver más:

www.odalsi.com/usuarios/bamba

Carlos Arrizabalaga dijo...

Agradezco el comentario. Es muy interesante la información que brinda en su página y muy esclarecedora la figura de la bamba resellada. Saludos,
Carlos A.